jueves, 7 de enero de 2010

Avatar y otras pelis

No siempre resulta fácil acertar con la recomendación para una determinada edad de una película. Digo esto pensando en Avatar, la cinta de James Cameron, que tantas expectativas había despertado, tanto éxito comercial y de crítica ha cosechado, y que resulta tan entretenida, espléndida y deslumbrante desde el punto de vista visual como limitada si nos fijamos en su argumento (romance, acción y batalla entre el bien y el mal), y en la construcción de sus personajes (en especial el del comandante Quaritch que, por su simpleza, parece más propio de una película infantil o juvenil).

Me llama la atención que la película esté recomendada para mayores de 7 años, porque aunque su mensaje es claramente antibélico, ecologista y hasta espiritual, sus escenas, en ocasiones, resultan de una violencia extrema. La batalla final, tan conseguida, dura alrededor de 20 minutos, así que podríamos decir que es cine de guerra, pacifista... y para niños.

La cinta, muy entretenida, por otro lado, consigue mantener la atención del espectador, de los mayores y también de los niños, durante sus más de dos horas y media de duración, lo que, sin duda, es un gran mérito.

Cuando digo que es difícil clasificar una película y recomendarla para una determinada edad pienso también en Número 9, una peli clasificada para mayores de 13 años, que muestra un mundo irreal, casi literario, de cuento de ciencia ficción, al que la estupidez humana podría, supuestamente, conducirnos. Supongo que por eso, y por algunas de sus inquietantes y estresantes escenas, ha sido clasificada así. Lo cierto es que si Número 9 se considera para mayores de 13 años se queda sin público, excepto por los pocos amantes de cine de animación bien hecho que puedan disfrutar viéndola.

Mi opinión es que los niños (aunque cada uno es un mundo y sensibilidades hay de todas las tonalidades) son mucho más inteligentes de lo que pensamos, o de lo que los hacemos, y también que hay una doble moral, que no acabo de entender, en esto de juzgar lo que debería ser visto y lo que no por ellos.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Cantajuego... para repetir

Si fuisteis ayer, día 30 de diciembre, al concierto de Cantajuego en Valencia... qué os voy a contar que no viviérais.

Los chicos del grupo EnCanto son simplemente magníficos. Hay que reconocer que Cantajuego ha dado en el clavo, como contábamos hace unas semanas en Roda la Bola tras hablar con ellos. Han dado con la fórmula magistral: canciones de nuestra infancia adaptadas para que nuestros niños se las aprendan y nosotros las rememoremos.

Se crea de esta manera un exitoso tándem: los mayores disfrutamos con nuestros pequeños evocando otros tiempos, y nuestros niños se divierten con entretenidas canciones y coreografías que aprenden, además, arropados y en compañía de sus padres. Qué más se puede pedir. Sé de padres que organizan meriendas Cantajuego en sus casas, y aprovechan para reunirse con sus amigos y sus hijos para, todos juntos, bailar y cantar sus canciones.

Yo fui con mi familia al concierto que se celebró hace unos meses en la Marina Real Juan Carlos I. A pesar de que la organización fallo un poco, nos lo pasamos en grande, y me sorprendió ver que, al igual que nos ocurría a nosotros, todos los padres de nuestro alrededor se sabían las canciones, y las bailaban con sus hijos. Y si estos dejaban de cantar y bailar, los adultos seguían haciendo las coreografías y animando a sus hijos a que no pararan.

Ayer ocurrió lo mismo. Tras dos conciertos me he dado cuenta de que, en función de la edad de los pequeños, hay dos tipos de familias: las que bailan y cantan junto a sus hijos, y las que bailan y cantan mientras sus niños -normalmente porque son un poco pequeños- miran atónitos el escenario sin mover un dedo. La cuestión es que los padres y las madres son los que siempre bailan y cantan, y se divierten, si no más, sí igual que sus hijos.

Un 10, por tanto para todos aquellos que hacen posible Cantajuego, y en especial para los cantantes y bailarines, cara más visible del equipo, quienes a pesar del cansancio de estar hora y media larga cantando, bailando y saltando, no escatimaron en guiños hacia el pequeño público. Puedo dar fe. Tuvimos la suerte de disfrutar del espectáculo muy cerca del escenario, y en ningún momento dejaron de sonreír, de hacer muecas y gestos de complicidad a los niños de las primeras filas que les imitaban.

En resumidas cuentas, para mi familia, asistir a este concierto ha sido una buena manera de despedir el año 2009. ¿Y para vosotros? Si queréis, contadnos aquí cómo os lo pasáteis.

¡Esperamos no tardar en anunciar que Cantajuego vuelve a la Comunitat Valenciana!

domingo, 6 de diciembre de 2009

Planeta Zanahoria, ideal para pequeños

Parece que lo hago adrede: cada vez que entro en este blog a contar lo que hemos hecho en familia durante el fin de semana, estoy inmersa en un mundo de virus, jarabes y pañuelos de papel. Por eso, prefiero relatar mi experiencia, en lo que a ocio familiar se refiere, del fin de semana pasado, cuando fuimos al Teatro Gran Cielo, a ver Planeta Zanahoria.

En toda propuesta de ocio, la prueba de fuego para saber si es interesante o no para los niños, es la respuesta de los propios espectadores. Y a juzgar por la atenta mirada de mi hijo -que no quitaba ojo a Zanahoria y a todo lo que a su alrededor ocurría- y por su frase "quiero ver" al final del espectáculo, haciendo referencia a que quería verlo de nuevo, está claro que se trata de una representación de teatro y danza más que recomendable para pequeños. Y cuando digo pequeños, me refiero a eso, a niños desde meses hasta unos 4 ó 5 años.

Debo decir que mi hijo no fue el único que permaneció atento los 40 minutos que duraba el espectáculo. Si no recuerdo mal, todos y cada uno de los presentes, siguieron con atención todos los movimientos de Zanahoria, de sus amigos, las divertidas apariciones de la oveja Pepa, la intervención de un malvado pirata...

Cristina -bailarina que da vida a Zanahoria- dice que los niños entienden perfectamente el lenguaje de la danza porque antes de expresarse con palabras, lo hacen con el cuerpo y bailan desde que tienen meses. Quizá ese sea el secreto para que niños tan pequeños como el mío -que aún no tiene los dos años y medio- se queden perplejos ante todo lo que sucede en el escenario de Planeta Zanahoria, una obra en la que apenas hay palabras porque quedan bien suplidas por la música y la danza.

El teatro también es curioso. Es un espacio reducido y acogedor, que da la opción a los pequeños de ponerse de pie en la butacas para que puedan ver mejor, o de sentarse sobre almohadones.

Por cierto, quienes tengáis niños no muy mayores, podéis llevarlos en cochecito, pues el hall del Teatro Gran Cielo es amplio y podéis "aparcarlo" ahí hasta que acabe la función.

Si habéis visto Planeta Zanahoria, podéis contarnos cómo se lo pasaron vuestros pequeños en nuestro muro de Facebook, pinchando aquí. Si aún no habéis ido, y queréis más información de la obra, haced click aquí.

domingo, 22 de noviembre de 2009

La Mostra de Xirivella

La Mostra de Pallassos de Xirivella ha cerrado una nueva edición en la que ha vuelto a acercarnos lo más destacado del teatro de humor del panorama nacional, y algunos de los mejores espectáculos relacionados con la risa que se pueden ver en el mundo... a pesar de la crisis. En rodalabola.com, y también en el programa A vivir que son dos días, de la SER, tuvimos la oportunidad de contar, aunque fuera brevemente, lo que para nosotros significa la Mostra.

Hace 16 años que este certamen, que en su momento fue único en España, se esmera en que seamos más felices, en que tengamos la capacidad de reir y de reirnos de nosotros mismos. Pretende, y consigue, que nos olvidemos de las preocupaciones y nos sintamos un poquito más humanos, que pasemos un rato agradable, en familia, junto a nuestros hijos, nietos o sobrinos.

He asistido en muchas ocasiones a los espectáculos de la Mostra y cada vez soy más consciente de la suerte de tener tan cerca de casa un certamen como el de Xirivella, porque soy padre, porque reir con los niños es, quizás, una de las actividades más serias y provechosas que podemos realizar.

Gracias a la Mostra, este año, hemos asistido a un partido de Futclown que ha resultado ser un desastre perfecto (nos han vuelto a dar los payasos de la Mostra una nueva lección de humildad y atrevimiento). También pudimos disfrutar de la energía desbordante de Elliot: su espectáculo consigue rizar el rizo, dar una vuelta de tuerca más y alcanzar la dificultad de hilvanar un gesto estrambótico tras otro, un sarcasmo más, una improvisación más... Tuvimos, además, la oportunidad de colaborar con Payasospital, una ONG valenciana, que consigue regalar sonrisas a los niños enfermos...Y hoy nos ha sorprendido El niño Costrini, con su capacidad de hacer participe al público de su pantomima esquizofrénica y extravagante. Los padres lo hemos pasado casi tan bien como los niños. ¿Quién dice que el teatro de la risa no es serio?

La Mostra de 2009 ya ha acabado. Enhorabuena a sus responsables. Ya estamos esperando la edición de 2010.

lunes, 2 de noviembre de 2009

La Ciudad de las Ciencias y el tenis

Desde la semana pasada tenemos publicadas dos noticias en nuestra Web rodalabola.com sobre la celebración del Valencia Open 5oo de Tenis. Para ser más preciso diré que una de las noticias es sobre la zona denominada Funpark, y la otra es sobre la venta de entradas a precio reducido en la Ciudad de las Ciencias, que incluía, el fin de semana pasado, cuando todavía se estaba disputando la previa, la entrada tanto al Ágora, como a la pista 1, además de dar la opción de poder visitar el Museo, o el Oceanográfico, el Hemisfèric y el Museo.

La paradoja es que resultaban casi más baratas las entradas de la Ciudad de las Ciencias que incluían Museo y Open que la entrada del torneo de tenis, que sólo daba acceso a los partidos.

La cosa se complicó cuando los organizadores del torneo decidieron, a última hora, que el fin de semana pasado todos los niños menores de 12 años entraban gratis al tenis. Había mucha gente que había pagado por esas entradas. CAC reaccionó a tiempo, me consta, y llamó por teléfono a todas las personas que habían comprado entradas para comunicarles que les devolvían parte del dinero pagado. ¿Hizo lo propio el Open? Sé de más de uno que se quedó con dos palmos de narices cuando supieron que lo pagado por sus hijos no se había cobrado a otros padres menos previsores.

Soy aficionado al tenis y tenista amateur desde que era pequeño. Me gusta el deporte de la raqueta y me congratulo de que en Valencia podamos contar con un Open de la categoría del que ahora tenemos, con varios de los mejores tenistas del mundo. Sé que esos pequeños detalles de desorganización son menudencias, y que habrá quien diga, y no le faltará razón, que hay asuntos relacionados con el propio Open que son más importantes, como lo que ha costado el Ágora y la utilización que se le va a dar, o por el contrario, la imagen positiva que genera de la ciudad de Valencia.

Sé cuáles son las objeciones que se pueden hacer de mi humilde queja, pero qué quieren que les diga, no me gusta que se utilice a los niños para llenar las pistas y paliar una falta de previsión, cuando resulta evidente que no era la política inicial del torneo facilitar la entrada de los menores. CAC sí los tiene en cuenta y los tendrá. Al fin y al cabo son su target, como dicen los horteras.

Por cierto, mi apuesta, con el corazón en la mano y no tanto con la cabeza, es por Ferrero. ¡Qué tengas suerte, campeón!

sábado, 24 de octubre de 2009

Con permiso de los virus

Es lo que tienen los virus. No respetan ni a los lemures ni a la cueva de Kitum. Hoy teníamos previsto pasar el día en Bioparc, pero los vómitos nocturnos de mi hijo y la fiebre matutina, nos han hecho cambiar de planes, y hemos sustituido el parque africano por el médico de urgencias.

Debido a la retahíla de niños que habían llegado al ambulatorio antes que nosotros, hemos decidido hacer la espera más agradable aguardando a que nos tocara el turno en la calle.

Casualmente y por fortuna nos hemos encontrado con una concentración de Seiscientos. A mi hijo -de poco más de 2 años- le encantan los coches, y se ha vuelto loco al verlos. A pesar de la fiebre, ha accedido a posar y hacerse fotos con algunos de estos vehículos y se ha quedado boquiabierto al verlos circular en una procesión sonora de cláxones.

Estos antiguos coches han sido el acontecimiento del día. Cierto es que hoy nos hemos quedado sin Bioparc, pero hemos tenido la suerte de dar con un evento que, jaleado y celebrado por los adultos, ha sido toda una fiesta para mi niño.

Conozco muchos padres y madres que se lamentan del escaso tiempo de que disponen para hacer actividades con sus hijos. Aunque suene manido, cada vez experimento más la importancia del tiempo de calidad sobre la cantidad del mismo. Por eso, y tras la experiencia de hoy, he llegado a la conclusión de que es fundamental saber hacer de los ratos que estamos con los pequeños una fiesta. Seguro que motivos para ello, por mínimos que sean, no faltan.

Mañana tenemos el "festival" servido: nos espera Bioparc. Si mi hijo no está para muchos trotes, habrá que posponerlo, pero no sé si podrá ser para el próximo fin de semana. Para entonces ya tenemos destino: la Fira de Tots Sants de Cocentaina. Si alguien gusta, ya sabe. Eso sí, con permiso de los virus.